En las alturas de la cuenca del río Rímac, en la comunidad de Ayas, Huarochirí, se está escribiendo una nueva página para la gestión ambiental del sector productivo peruano. Vacas Felices, una empresa familiar dedicada a la producción agroecológica y láctea, se ha consolidado como la primera micro y pequeña empresa (MYPE) del Perú en obtener el Certificado Azul, el reconocimiento oficial que otorga la Autoridad Nacional del Agua (ANA), organismo adscrito al Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (MIDAGRI).
Este hito que marca la historia del Programa Huella Hídrica se impulsa gracias al acompañamiento de la iniciativa “El Agua Nos Une”, financiado por el Hub Regional Lima de la Cooperación Ambiental de Suiza implementado por el consorcio implementador Care Perú – SABAVIDA.
Como parte de los criterios establecidos por la ANA, la MYPE desplegó un expediente técnico integral que midió su huella hídrica e implementó mejoras tecnológicas para optimizar el consumo en sus instalaciones. Asimismo, puso un énfasis especial en el Proyecto de Valor Compartido con su entorno, centrándose en el fortalecimiento de la Junta Administradora de Servicios de Saneamiento (JASS) local y la realización de talleres sobre cultura hídrica y cálculo de la cuota familiar, asegurando la sostenibilidad del sistema de agua potable y reforzando la gobernanza del recurso en la comunidad de Ayas.
El compromiso ambiental de la empresa responde a una visión integral del territorio y a una profunda empatía con las comunidades rurales que protegen las fuentes de agua en las cuencas altas.
«Desde que llegamos a Ayas, las montañas, los andenes y los ríos nos cautivaron. Sentimos el compromiso de cuidar el entorno del cual formamos parte, actuando como un puente que conecta el campo con la ciudad en un encuentro que nos nutre mutuamente. Por eso apostamos por el Certificado Azul: para medir nuestra huella hídrica, reducir nuestro consumo y, a través del proyecto de Valor Compartido, generar lazos profundos con la comunidad donde vivimos», destaca Pauleth Sangay, representante de Vacas Felices.
La experiencia de Vacas Felices en la cuenca del Rímac se consolida como un modelo demostrativo y replicable para miles de emprendimientos a nivel nacional, al evidenciar que la gestión eficiente del agua no es solo una práctica ambiental, sino una decisión estratégica de negocio. Al gestionar el agua como un insumo crítico de su sistema productivo, la iniciativa demuestra que una gestión hídrica responsable se traduce en mejoras tangibles de reputación corporativa, optimización de costos operativos y reducción de riesgos frente a la variabilidad climática.
Iniciativas como «El Agua Nos Une» evidencian que incorporar al sector privado, independientemente de su escala o tamaño, en modelos de producción sostenibles es no solo viable, sino rentable: integrar la gestión del agua como parte de la estrategia de inversión y de gobernanza corporativa permite a las empresas proteger sus propios activos productivos mientras contribuyen a la protección de los recursos naturales, fortalecen la resiliencia comunitaria y aportan directamente a la seguridad hídrica de cuencas altamente vulnerables donde operan.




