La sequía ha dejado de ser una amenaza lejana para convertirse en una crisis que afecta directamente la seguridad alimentaria y la economía de las comunidades indígenas, ya que viene incrementándose en frecuencia e intensidad, especialmente en las regiones andinas. Este fenómeno climático reduce el caudal de ríos, lagos y otras fuentes hídricas, generando la escasez del agua, perdida de cultivos y afectaciones a la salud de las personas y el ganado.
El diagnóstico: fuentes vulnerables y saberes en riesgo
Las fuentes de agua constituyen un elemento central para la vida, los medios de subsistencia y la identidad cultural de las comunidades indígenas andinas. En los últimos años, estas fuentes como; manantiales, bofedales y qochas, vienen siendo afectadas por el cambio climático y la creciente presión sobre los ecosistemas.
En este contexto, se realizó un diagnóstico técnico participativo en 5 comunidades de Ayacucho y Huancavelica, que reveló un panorama preocupante: de los 66 manantiales identificados, la gran mayoría se encontraba en estado de degradación, sin cercos de protección, expuestos a la contaminación por la presencia de animales, el sobreuso para actividades productivas y la ausencia de prácticas de manejo comunitario.
El estudio también advirtió la perdida de prácticas ancestrales y ceremonias rituales para el llamado de la lluvia, así como la disminución de conocimientos vinculados al cuidado y respeto de las fuentes de agua. Estas prácticas, dentro de la cosmovisión andina, están vinculadas con el equilibrio entre el agua y la naturaleza y la vida comunitaria.
Comunidades en acción

La falta de un manejo integral y de mantenimiento periódico amenaza la sostenibilidad de estas fuentes hídricas. Por ello, el diagnóstico no solo reveló carencias, sino que marcó la urgencia de fortalecer conocimientos locales e implementar medidas de recuperación, protección y gestión comunitaria del agua, contribuyendo al fortalecimiento de la resiliencia climática de la comunidad.
Frente a esta urgencia, el proyecto «Nosotras Sembramos Futuro» impulsó actividades de manera participativa, involucrando a autoridades comunales, organizaciones de mujeres y población en general, mediante talleres, diagnósticos participativos, faenas comunales y acciones directas en el territorio. Estas acciones colectivas han permitido fortalecer capacidades y promover el liderazgo comunitario en la gestión y conservación de las fuentes de agua.

Junto a más de 150 mujeres, hombres y jóvenes se trabajó faenas comunales integrando conocimientos técnicos con los saberes ancestrales para ejecutar 4 medidas de adaptación basada en ecosistema:
- Limpieza y protección del ojo de agua con estructuras de piedra (pukullo) dentro del manantial.
- Construcción de cercos de piedra alrededor de los ojos de agua para proteger los manantiales.
- Construcción de bebederos para el ganado, evitando y evitar la contaminación directa de la fuente de agua.
- Plantación de esquejes de putaqa, «Rumex peruanus», planta nativa asociada a zonas húmedas, que contribuyen a la retención de la humedad del suelo y a la regulación hídrica local, dentro de los cercos de piedra.
Ana Perez, durante la faena en la comunidad San Jeronimo de Taulli comentó, “En la comunidad carecemos de agua, solo tenemos para lo mínimo y para plantar mis verduras no tenemos… por eso, desde la comunidad estamos participando en el proyecto y estamos plantando la putaqa para así tener más agua”
Planta Madre Criadora de Agua
El proyecto priorizó la plantación de putaqas (Rumex peruanus), una especie andina nativa del Perú conocida como la “madre criadora del agua”. Esta planta, que se distingue por sus grandes hojas, crece en ecosistemas estratégicos como bofedales, humedales y nacientes de agua, ubicados entre los 2,500 y 4,400 m s. n. m.
Según los saberes ancestrales, es una especie clave para la protección de las fuentes hídricas. Entre sus cualidades, su presencia contribuye a la retención de la humedad del suelo, protección de microecosistemas y la regulación hídrica local, especialmente en zonas de recarga y nacientes de agua. También se destaca la capacidad de hacer aflorar y estabilizar manantiales durante la época de lluvias, además de incrementar su caudal.
Importancia de proteger las fuentes de agua
La protección de los manantiales es fundamental, ya que actúan como fuentes vitales que sustentan la agricultura, la ganadería y el consumo humano en las comunidades. Al ser el origen de las redes fluviales que mantienen los ecosistemas, su conservación garantiza la disponibilidad permanente del recurso hídrico en las zonas bajas y en las ciudades. En la región andina, la conservación de estas fuentes es estratégica para reducir la vulnerabilidad frente a la escasez durante las temporadas secas y fortalecer la seguridad alimentaria y los medios de vida locales.
«La protección de los manantiales es fundamental porque son lugares sagrados donde habitan los espíritus del agua, señala Victoria Machaca (Asociación Bartolomé Aripaylla – ABA), es la fuente principal del agua que muchos técnicos no toman la importancia siendo la principal fuente de agua para las comunidades»
Resultados con impacto futuro
Gracias al esfuerzo colectivo, se han protegido más de 30 manantiales. Esta intervención busca contribuir a la mejora de la disponibilidad de agua y calidad de agua para las comunidades, fortaleciendo la resiliencia de las comunidades durante la temporada seca.
Asimismo, se promovió la recuperación de saberes ancestrales vinculados al cuidado del agua como; el pagapu (ceremonia de agradecimiento), el yarqa aspiy (limpieza de manantiales) y otros cantos en los rituales. También se promovió la revalorización de la putaqa como planta criadora de agua.
A través de las faenas comunales, se fortaleció la organización comunitaria para la gestión del agua, así como una mayor participación de mujeres lideresas en procesos de toma de decisiones y en acciones de conservación hídrica.
Esta iniciativa es posible gracias al apoyo de la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD) y L’Oréal, y el trabajo conjunto con las organizaciones de mujeres indígenas ONAMIAP, FEREMIA y FEMUQUECH.











