La anemia y desnutrición crónica infantil son problemas de salud pública multicausal persistentes que afectan sobre todo a poblaciones vulnerables, como a las niñas, niños y gestantes. En el Perú, 4 de cada 10 niñas y niños entre 6 a 36 meses (40,0%) presenta anemia por deficiencia de hierro y 1 de cada 10 niñas y niños menores de 5 años (12,1%) tiene baja estatura para la edad como consecuencia de una mala alimentación, según el informe de la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES) del INEI para el año 2020.  Estas cifras deben ser indicadores que nos mantengan vigilantes; ya que a largo plazo podrían incrementarse luego de las consecuencias que la pandemia ha dejado en nuestro país.

Si se hace un repaso rápido, podemos puntualizar que las prácticas inadecuadas de lactancia materna y alimentación complementaria, junto con un índice elevado de enfermedades infecciosas, son algunas de las causas principales de malnutrición en los primeros años de vida. Si a esto le sumamos la desinformación, acceso desigual a servicios de salud de calidad, educación y deficiente acceso financiero sobre todo en áreas rurales, la problemática se complejiza aún más.

Por esta razón, es importante cubrir todas las necesidades básicas de la niña y niño dentro de los primeros años de vida, solo así podremos asegurar un desarrollo pleno en la vida presente y futura de la persona.

Alimentación y nutrición en la población infantil

Una niña o niño alimentado exclusivamente con lactancia materna presenta menor riesgo de desarrollar anemia, debido a que la cantidad de hierro contenida en la leche humana es de alta biodisponibilidad (50%). La leche materna está libre de contaminantes y gérmenes y es considerada el único alimento capaz de satisfacer todas las necesidades de las niñas y niños durante los primeros 6 meses de vida; previniendo, además, las infecciones respiratorias agudas, pues refuerza el sistema inmunológico.

La alimentación en la población infantil, especialmente en menores de 3 años de edad, debe basarse en el consumo de una importante cantidad de energía y nutrientes para conseguir y mantener un adecuado estado nutricional, prevenir la aparición de enfermedades y asegurar su crecimiento y desarrollo.

Las necesidades de energía y nutrientes son variables en cada individuo, de acuerdo a su edad, sexo, talla, peso, nivel de actividad física y estado fisiológico. Por ejemplo, en el rango de 3 años de edad, las niñas necesitan consumir 1,152 Kcal/día, mientras que los niños 1,229 Kcal/día, las necesidades diarias de macronutrientes en promedio son de 1.3 g de proteína por kilogramo de peso, según recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Jhorella García, especialista de nutrición de CARE Perú, nos indica respecto a este tema que los principales nutrientes para niñas y niños menores de 3 años de edad son: carbohidratos, proteínas, grasas, hierro, vitamina A, vitamina C, calcio, zinc. Entre las fuentes de proteína de alto valor biológico están principalmente los alimentos de origen animal que contienen hierro hemínico de mayor absorción por el cuerpo como: la sangrecita, el hígado, las carnes, el pescado; además de las frutas y verduras, especialmente las de color amarillo y anaranjado.

La cantidad y el número de veces que las niñas y los niños consumen alimentos varían de acuerdo a su edad. Las porciones según grupo de alimentos que se recomiendan están en función al requerimiento de energía que necesitan consumir las niñas y niños menores de 3 años.

“Es importante resaltar que la dieta habitual no satisface las necesidades de hierro en menores de tres años, por lo que se recomienda añadir un alimento alternativo. La suplementación con micronutrientes para prevenir la anemia es una intervención de comprobada eficacia en menores de 36 meses”, Jhorella García.

Alimentación responsiva

La alimentación responsiva o también llamada perceptiva, es el estilo de alimentación en donde la madre está sintonizada con las señales de la niña o el niño, por lo que responde de un modo apropiado, con prontitud y le ofrece motivación y apoyo guiado según su nivel de habilidades. 

La alimentación responsiva debe basarse en 2 principios del cuidado psicoafectivo: principio de responsividad, que se basa en la habilidad de la madre para interpretar correctamente las señales de la niña o niño y darle una respuesta apropiada; y el principio de apoyo guiado, mediante el cual los padres y las madres deben darle el apoyo a la niña o niño para que llegue a su “zona de desarrollo posible” proponiéndole actividades adecuadas y ofreciéndoles más retos cuando muestre signos de éxito (Engle, 1998).

Jhorella García finalmente nos comenta que la alimentación nutritiva y saludable de nuestras niñas y niños es una tarea importante que empieza desde el hogar y que debe estar apoyado por el personal de salud, las autoridades locales y nacionales. Debemos velar por el bienestar integral de la niña y el niño, pensando en su desarrollo tanto físico como emocional, sostiene.

Con el objetivo de contribuir con una alimentación saludable en las zonas más vulnerables del país, CARE Perú y el BCP se unen nuevamente a través del proyecto Alimenta su Fuerza. En esta nueva etapa, el reto es entregar 40,000 almuerzos nutritivos a 650 personas en situación de vulnerabilidad en un periodo de 3 meses, fortaleciendo también las capacidades de más socias de cocina.

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CARE Perú obtuvo el certificado de homologación por 3 años a solicitud de Compañía Minera Antamina en marzo de 2021