Escrito por Jack Burga, Coordinador de Empoderamiento Económico, Seguridad Alimentaria y Nutrición en CARE Perú y Mariela Belleza, Jefa de Proyecto Valora para el Fortalecimiento del Movimiento de Trabajadoras del Hogar.
Cada 30 de marzo se conmemora el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar. La fecha no es casual: nace en 1988 con la creación de la Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadoras del Hogar (CONLACTRAHO) y, en el Perú, desde el 2020 es reconocida como feriado no laborable remunerado gracias a la Ley N.º 31047.
Pero esta no es solo una fecha en el calendario. Es, sobre todo, un recordatorio de una lucha que lleva décadas desarrollándose en silencio, dentro de los hogares, donde el trabajo es permanente, pero el reconocimiento ha sido históricamente insuficiente.

En Lima, en barrios de clase media y alta, y en distintas regiones del país, miles de mujeres, el 97% de quienes realizan este trabajo, comienzan su jornada antes de que amanezca. Cocinan, limpian, cuidan niñas, niños y personas adultas mayores. Sostienen, en gran medida, la vida cotidiana de otros hogares. Y, sin embargo, durante años su labor fue reducida a una “ayuda”, invisibilizando su verdadero valor como trabajo.
Hoy esa mirada empieza a cambiar, pero el cambio aún no es suficiente.
Un momento clave en este proceso fue el 2018, cuando el Perú ratificó el Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo, que reconoce el derecho a un trabajo decente para quienes se dedican al trabajo del hogar. Dos años después, en 2020, se promulgó la Ley N.º 31047, marcando un avance importante al equiparar sus derechos laborales con los del régimen privado.
En el papel, el país dio un paso decisivo. En la práctica, la distancia entre la ley y la realidad sigue siendo evidente.
Antes de esta reforma, 9 de cada 10 trabajadoras del hogar estaban en la informalidad. Hoy, la formalización avanza, pero lentamente: poco más de 23 mil cuentan con un contrato registrado. Esto refleja que la existencia de una ley no garantiza, por sí sola, su cumplimiento. Persisten barreras culturales, económicas e institucionales que dificultan su implementación.

Nada de lo logrado ha sido casual. Detrás de cada avance hay una historia de organización colectiva. Sindicatos, federaciones y redes de trabajadoras del hogar han sostenido por más de cinco décadas una lucha constante por el reconocimiento de sus derechos. Lideresas como Adelinda Díaz y Victoria Reyes han sido clave en este camino.
En este proceso, organizaciones como CARE Perú han asumido un rol de acompañamiento, fortaleciendo estas iniciativas y promoviendo la implementación de la ley. A través del proyecto VALORA, se han impulsado herramientas concretas como la App Valora, que brinda información sobre derechos laborales, permite calcular salarios justos y ofrece recursos para prevenir situaciones de violencia en el entorno laboral. Además, se promueven espacios de formación y fortalecimiento para las trabajadoras.
Sin embargo, el desafío de fondo sigue siendo la formalización laboral. No se trata únicamente de cumplir una norma, sino de transformar una manera de entender el trabajo del hogar. Reconocerlo plenamente como trabajo implica dejar atrás la idea de que es solo una ayuda y asumir que es una actividad que sostiene la economía y la vida cotidiana del país.
Los retos son claros: asegurar la implementación efectiva de la Ley 31047, reducir la informalidad, fortalecer los mecanismos de supervisión laboral y, sobre todo, generar un cambio cultural que valore el trabajo de cuidado como lo que es: esencial.
El Día de la Trabajadora del Hogar no debería ser solo una conmemoración. Es una oportunidad para mirar de frente una deuda histórica. Porque detrás de cada hogar que funciona, hay una trabajadora. Y detrás de cada jornada que muchas veces pasa desapercibida, hay derechos que deben ser reconocidos, respetados y garantizados.





