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Ellas Hacen Patria

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Desde pequeña, Martha sabía que quería llevar desarrollo a su distrito. Su padre la motivaba a estudiar ingeniería agroindustrial y a exportar los productos agrícolas que se producen localmente. 

En Salitral, distrito de Sullana en Piura, la producción de banano es una de las principales actividades económicas. Sin embargo, debido a la sobreproducción, en ocasiones el fruto no es aprovechado en su totalidad. 

Cuando Martha ingresó a la Asociación de Mujeres Emprendedoras en Salitral, descubrió las oportunidades de elaborar distintos productos alimenticios a base del banano. Al inicio, las productoras de la asociación eran en su mayoría madres de familia que se capacitaron en elaboración de mermeladas y jaleas. 

CARE Perú llegó nosotras cuando ya estábamos organizadas, pero nos estábamos desuniendo y nos íbamos a dar por vencidas. Entonces recibimos capacitaciones de empoderamiento económico de la mujer. Nos compraron productos y empezaron a promocionarnosnarra la emprendedora.  

De esta manera, lograron lanzar su marca ‘Banana Mix’, con la cual producen mermeladas y jaleas orgánicas a base de banano, con mango ciruelo, tamarindo y maracuyá. Además, elaboran postres, como alfajores y tortas de harina de banano. 

“Con la elaboración de productos a base de banano, llevamos desarrollo a nuestro distrito. Mi sueño es exportar los productos y que las mujeres de mi comunidad logren ser independientes”, afirma. 

Ahora el próximo paso para la asociación es obtener el registro sanitario, que les permitirá vender sus productos en supermercados y a través de plataformas digitales. Martha, a la cabeza de la asociación de mujeres, se ha trazado la meta de hacer conocida su marca a nivel nacional y exportarla internacionalmente.  

Pero la historia de emprendimiento de Martha no termina allí. Ella también es dueña de una librería en su comunidad, que pudo expandir gracias a un crédito a través del proyecto ‘Llevando a Escala el Desarrollo de las Empresas para el Empoderamiento de las Mujeres’. 

En la campaña «Acceso Aprobado» de CARE Holanda, Martha y otras emprendedoras de diferentes países, compartieron sus historias de acceso financiero, a la vez que hicieron un llamado al sector financiero global para mejorar los productos y servicios para las mujeres. 

Fue una experiencia muy bonita representar al Perú en esta campaña. Muchas veces a las mujeres nos ponen trabas para poder invertir en nuestros negocios. Transmití a las entidades financieras que apostaran por las mujeresmenciona. 

Martha no es ajena a las secuelas de la pandemia, pero no deja su espíritu decaiga y se sostiene a la esperanza para poder avanzar. “Mientras haya vida, hay esperanza. Con nuestras ganas y esfuerzo podemos lograr nuestros objetivos”, concluye. 

CARE Perú trabaja por la igualdad por las niñas, adolescentes y mujeres. El proyecto Niñas con Oportunidades permite que las estudiantes accedan a una educación integral y decidir sobre qué quieren hacer en el futuro. Súmate a nosotros y ayúdanos a seguir construyendo un país con igualdad con oportunidades 👉🏽 https://bit.ly/2WKPnp5 

Cuando inició el estado de emergencia en nuestro país, Deysi temía que las primeras dos semanas de cuarentena se extiendan y su restaurante de comida criolla no pueda operar por varios meses. Siguiendo sus instintos, decidió actuar rápidamente y cambiar el giro de su negocio.  

Con la coyuntura tuvimos que cerrar por completo el restaurante porque no teníamos generación de ingreso. A los días que empezó la cuarentena nos contactamos con proveedores para cambiarlo a minimarketrelata. 

Al empezar el nuevo negocio, Deysi recibió una noticia que la ayudaría a ponerlo en marcha. La emprendedora fue contactada por el proyecto KitCare para que su bodega sea uno de los puntos de entrega de donaciones de productos básicos para personas en vulnerabilidad de su zona. 

Deysi comenta que asociarse al proyecto la ayudó a consolidar su empredimiento, ya que pudo implementar su inventario y obtuvo más clientes. “Tengo una visión más amplia y ambiciosa que al inicio. Hasta el momento el negocio está creciendo. Los clientes que venían a comprarnos almuerzos ahora nos compran en el minimarket”, señala. 

Además, pudo ayudar a sus vecinas y vecinos a tener alimentos que los sostengan durante el tiempo de la emergencia. Esta acción la llenó de entusiasmo, ya que ella siempre ha tenido inclinación por contribuir al desarrollo de su comunidad en Pachacámac, Lima.  

La emprendedora también tiene otra labor que está orientada al aspecto social. Hace 3 años, su pasión por el fútbol la impulsó a crear su propia academia dirigida a las mujeres de su comunidad. Ahora trabaja enfocada a la igualdad de género y oportunidades para las mujeres de su localidad. 

“Siempre me he sentido identificada con temas sociales. Dirijo una escuela de fútbol femenino donde busco promover la igualdad de género. Quiero que niñas y mujeres sientan que tienen las mismas oportunidades que los varones en el deporte”, comenta. 

La academia ha permitido que las niñas de Pachacámac tengan oportunidades de jugar el deporte que más disfrutan junto a sus pares. Y aunque ha cerrado su espacio físico debido a la pandemia, las estudiantes continúan asistiendo a clases en la modalidad virtual.    

“El 50% de niñas son becadas y además trabajamos temas de empoderamiento y liderazgo con ellas. Las personas de mi zona se han sentido conmovidas por el deporte. Incluso hay señoras de 60 años jugando en los campeonatos. Es un escenario bastante bonito”menciona. 

Ahora Deysi espera que el crecimiento de sus emprendimientos también promueva el progreso de su comunidad, para que más mujeres como ella decidan iniciar negocios propios y salir adelante.  

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La Encantada es un pueblo que esconde muchas historias entre sus calles. Leyendas y mitos sobre seres sobrenaturales y lagunas encantadas; así como tradiciones de artesanos que con sus cerámicas volvieron al pueblo un gran atractivo turístico en la ciudad de Chulucanas en Piura. 

Uno de los más representativos fue Max Inga, quien enseñó a los pobladores las técnicas artesanales de la cerámica y formó una escuela en la comunidad. El artesano dejó su legado a su familia e inspiró a su hija Andrea a convertirse en ceramista. 

Cuando era niña, Andrea veía a su padre formando a las vecinas y vecinos con diferentes técnicas en su casa, mientras ella exploraba el arte y jugaba con la arcilla. Ella recuerda: Mi papá nunca les cobró un sol por enseñarles. Fueron descubriendo técnicas ancestrales como pulido, tallado y ahumado. 

Pasaron los años y cada vez se interesaba más por el arte. Cuando su padre falleció, su mamá quedó a cargo del taller y ella empezó a hacer diseños para las piezas, porque le gustaba dibujar. Instruida por su madre, decoraban y tallaban las artesanías que exhibían en el local.  

Pero con el tiempo, las ventas empezaron a decaer y otras actividades comerciales se impusieron en la zona. Estábamos teniendo un bajo en el taller. Yo quería ver la forma en que mi cerámica pueda resurgir y continuar lo que inició mi padreYo quiero que se preserve la artesanía, comenta la joven de 29 años.  

En medio de la preocupación, recibieron una llamada de la asociación ‘Mujeres Artesanas Hacia el Mundo’ y encontraron nuevas posibilidades para su negocio. Las mujeres de la asociación eran parte del proyecto Llevando a Escala el Desarrollo de las Empresas para el Empoderamiento de las Mujeres y recibían capacitaciones para lograr su empoderamiento económico. 

“Las charlas nos motivaban para hacer valer nuestro trabajo. Aquí las mujeres siempre han hecho cerámica, pero no estaban al mismo nivel que sus esposos. Entonces comenzamos a salir a ferias. Había señoras que nunca habían salido del pueblo y ahora generaban un ingreso para la familia”, menciona 

Unidas a la asociación de mujeres, el taller de Andrea y su familia empezó a tener mayor exposición al público y aumentaron sus ventas. CARE nos proporcionó el fondo semilla para alquilar una galería y exponer nuestras piezas de cerámica y también de otras mujeres”, relata la artesana. 

El sueño de Andrea es poder tener una galería propia y ampliar su taller para brindar más oportunidades de empleo a otras mujeres artesanas. Espera que las mujeres de su comunidad realcen y valoren lo que ellas producen. 

“Soy ceramista, con mi trabajo busco que todos conozcan la cultura de mi país. Comparto todo lo que aprendo y descubro a otras mujeres artesanas de mi comunidad para que ellas también encuentren más oportunidades para salir adelante», finaliza.  

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María Isabel tiene un corazón entregado a la niñez. A lo largo de sus 73 años, ha descubierto que su vocación está en los proyectos que puedan impulsar su desarrollo. Ella comenta que: Las niñas y niños me dan salud y vida. 

En el pasado, trabajó como promotora de un proyecto para combatir la anemia y estuvo a cargo de varias familias, haciendo seguimiento de la nutrición de niñas y niños de Villa Huangala, centro poblado de Sullana en el distrito de Piura. 

La Municipalidad de Sullana nos capacitó para visitar a los niños de 0 a 3 años con anemia. Conversábamos con las madres para saber si tenían sus vacunas completas y los ayudábamos a ir al puesto de salud”, señala. 

Tras participar en diferentes organizaciones populares por más de dos décadas, decidió formar el Grupo de Interés Barrio Sur en el 2010. Una iniciativa que llegó a brindar empleo a más de 80 personas de su comunidad en la crianza de animales.  

La emprendedora tenía una meta, pero aún necesitaba tener más conocimientos para poner en marcha su negocio. Entonces ingresó el proyecto “Conéctate” a su comunidad y tuvo la oportunidad de recibir capacitaciones digitales para mejorar sus habilidades y prácticas financieras, y acceder al sistema financiero. 

De esa manera, inició el negocio de crianza de pollos junto a otras mujeres de la zona. “Me dieron 10 pollitos para empezar.  Nos enseñaron cómo criarlos y eso nos ayudó mucho en esta emergencia.  Ahora he comprado 15 pollos y seguiremos hacia adelante”, menciona. 

Su numerosa familia siempre ha sido su motivación para salir adelante y participar activamente por el progreso de su comunidad. “He tenido 11 hijos, 15 nietos y 2 bisnietas y llevo 50 años de matrimonio”, comenta. 

María Isabel espera continuar sus capacitaciones para mejorar sus habilidades financieras y hacer crecer su negocio. Sabe que la situación actual puede ser más difícil para otros emprendedores como ella; sin embargo, los anima a no tener miedo y seguir trabajando. 

“Tengo más de 70 años, pero continúo capacitándome de forma virtual en la crianza de pollos. Me siento dichosa de haber ayudado a otras madres a alimentar mejor a sus familias, concluye. 

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El sismo que causó mayor impacto en la vida de Rosa sucedió en los años 70. Cuando su primera hija tenía un año y ella habitaba en una vivienda de quincha. Paralizada por el temor, recuerda que en esa época su mamá vivía a una cuadra de su hogar y esperó a que su familia llegara para ayudarla con su pequeña. 

Luego de varias experiencias vividas y tras recibir capacitaciones en gestión de riesgos en el Proyecto Rimac DRR, Rosa sabe que en la actualidad manejaría la situación de otra manera. “Ya con todas las experiencias que he tenido sé en qué momento voy a poder accionar junto a los vecinos”, menciona.  

El tiempo ha trascurrido desde aquella vez, tanto para Rosa como para la quinta en donde reside. Y con el paso de los años, mientras ella fue superándose y aprendiendo, las infraestructuras ubicadas en la Avenida Francisco Pizarro en el Rímac se deterioraron poco a poco.  

Por muchos años, Rosa fue el motor de organizaciones sociales en su localidad. En los años 80 fue dirigente en su distrito. Junto a sus compañeras, empezaron a preparar a más mujeres para ser dirigentes en asentamientos humanos.  

“Antes a las mujeres no nos dejaban entrar en nada. Ni siquiera ser secretarias en asentamientos y humanos y estaban todos abandonados. A través de nuestro ingreso las preparamos en escuelas. Me daban el apoyo y el material para que participaran”; comenta. 

Su activa participación le dio la oportunidad de representar a nuestro país en Oslo, Noruega. “Habían visto mi trabajo en el Vaso de Leche y vinieron a mi hogar en 1989 y para decirme que había sido elegida para representar a la mujer peruana. Yo decía ‘no puede ser, hay tantas compañeras a las que se les debería considerar’. Pero me dijeron que yo había sido elegida porque era una persona entregada a las organizaciones populares con honestidad”, relata. 

Años después de este importante logro, viajó a Italia por estudios durante casi 28 años. Al regresar, se dio cuenta que ya no existía la misma motivación en las organizaciones populares que lideró y también se percató del desgaste de su quinta. Entonces empezó a organizar a sus vecinas y vecinos para que gestionen mejoras. 

Fue gracias a su iniciativa que lograron reconstruir las viviendas en su localidad y recuperar el patrimonio histórico característico de su distrito, pero aún necesitaban aprender cómo actuar en el caso de una emergencia sísmica que pusiera en riesgo sus antiguas construcciones. 

En el Proyecto Rímac DRR recibieron capacitaciones en gestión de riesgos para prevenir un posible desastre en su comunidad. Rosa comenta que en los simulacros incluso participaron jóvenes y niños, y cada uno adquirió distintas responsabilidades para atender a la población más vulnerable en una emergencia. En la actualidad, ella es la responsable de la logística y de resguardar las mochilas de emergencia. 

“Estoy impulsando iniciativas para prevenir el riesgo de desastres en mi quinta ubicada en el Rímac. Ahora los vecinos nos organizamos y trabajamos en solidaridad por mejorar nuestro distrito. Mi deseo es motivar la participación de las mujeres en organizaciones populares”, señala.  

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Somate Bajo es un pueblo que se caracteriza por la solidaridad de sus habitantes.  El centro poblado, ubicado en la provincia de Sullana, en la región Piura, es el lugar en el que nació Ana María Ojeda y donde actualmente ejerce el cargo de teniente gobernadora. 

Pese a llevar 2 años en el cargo, Ana María comenta que se sorprende de estar a la cabeza de un pueblo. Sin embargo, su determinación y compromiso son una muestra de su gran capacidad para guiar a sus vecinas y vecinos en el camino por mejorar su comunidad.  

Durante mucho tiempo, ella trabajó en diversas empresas agrícolas, lejos de su pueblo. Hace 7 años regresó y no vio el cambio que ella esperaba, por eso se propuso como meta reorganizar su comunidad y motivar a más familias a salir adelante.  

A través del proyecto Ella Alimenta Al Mundo, recibió capacitaciones en crianza de aves e instalación de biohuertos. La emprendedora piurana señala que al inició no había muchas interesadas, pero conforme conocieron del proyecto participaron más mujeres. 

“Se presentó la oportunidad de CARE. Me pareció algo grandioso y pude hacer un llamado a la población. Al inicio las personas estaban incrédulas. Tenían muchas expectativas. Fueron bastantes madres de familia que no se esperaban lo que aprenderían en el proyecto”, menciona. 

Con gran satisfacción, relata que sus compañeras también han mejorado su autoestima y sus emprendimientos las han ayudado a sentirse más valiosas. Ahora espera que todas las mujeres de su comunidad sean independientes y que se arriesguen a emprender por sí mismas. 

En estos tiempos de cambios, Ana María está criando a sus animales junto a su sobrina. “Una de mis sobrinas le tocó estar con este proyecto y nos unimos para compartir corrales. Yo compraba el alimento y a veces cuando no podía asistir, ella me apoyaba y así vimos crecer muchos animalitos. Actualmente, tenemos 23 patos y pollos. Mi sobrina entrega pollos para la comunidad a través de deliveryseñala. 

El sueño de Ana María es que su centro poblado pueda seguir creciendo con proyectos que beneficien a la niñez y la juventud.  Indica que le gustaría ver institutos, mejores centros de salud y campos deportivos que sean más seguros para la niñez. 

La teniente gobernadora anhela ver que su comunidad pueda ser convertida en una zona comercial, y de esta forma integrar a más mujeres en el mercado laboralQuisiera emprender juntas y crecer y ser ejemplo de otros sectores. Quiero que las mujeres despierten y seamos nosotras mismas”asegura. 

Como líder de mi comunidad la meta que me he puesto es lograr que mis vecinas y vecinos se capaciten para desarrollar sus negocios y la agricultura de manera sostenible, finaliza. 

En su misión por contribuir a mejorar Somate Bajo y la calidad de vida de sus pobladores, Ana María seguirá impulsándolos a desarrollar nuevas iniciativas, organizándolos de tal manera que ellas y ellos mismos sean las y los gestores de su propio cambio.  

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Cuando Margot era niña, observaba al nevado Salcantay y le parecía una montaña enorme. La montaña ubicada en la Cordillera de Vilcabamba es uno de los principales atractivos turísticos de Santa Teresa, distrito de La Convención en el departamento de Cusco y hogar de la emprendedora Margot Álvarez.  

Su asombro era grande al verlo, pero conforme pasaron los años se dio cuenta que éste cada vez se hacía más pequeño. Nos dijeron que la laguna del nevado ya no existía y hace poco mi esposo fue a verificarlo y regresó con la mala noticia: la laguna se ha secado. Es una preocupación muy grande para nosotros, comenta. 

Hoy comprende que el retroceso de glaciares se debe a los efectos del cambio climático, pero también conoce que existen maneras de adaptarse a este fenómeno y sacar adelante su negocio de frutas de manera sostenible. El proyecto “Glaciares +” le ha dado una nueva perspectiva y ha fortalecido su capacidad para adaptarse y aprovechar las nuevas oportunidades.  

“Gracias a CARE Perú, formamos una asociación de mujeres emprendedoras y producimos mermelada de granadilla de  100% fruta. También hacemos cremolada, helados y sour de granadilla. Ahora le damos valor agregado a la granadilla, la miel y al sacha tomate, que es un tomate de árbol”. 

Margot se siente contenta por haber logrado vender directamente sus productos a importantes hoteles, con un valor agregado. “Yo dependía de mi esposo porque no podía recoger las 50 granadillas. Me capacité y empezamos a trabajar de forma tecnificada y ya no necesitaba de él. En 5 minutos yo podía cosechar 100 granadillas”. 

Además, ha aprendido a aprovechar mejor sus recursos naturales en el cultivo y preparar fertilizantes, abono, compost e insecticidas. Esto la ha ayudado a que pueda economizar y tener mayores ingresos.  

Una de las cosas que Margot disfruta más de su trabajo, es la oportunidad de conocer nuevas personas. La emprendedora de 34 años comenta que le gusta ver cómo sus productos atraen a extranjeros y locales, quienes visitan las aguas medicinales de Colcamayo y se llevan una grata sorpresa al probar sus productos a base de granadilla.  

Ahora el sueño de Margot es que todos los pequeños productores de su comunidad tengan las mismas oportunidades de recibir capacitaciones que les permitan mejorar su trabajo. “Nuestro sueño es ser grandes empresarias y satisfacer al mundo con nuestros productos. Ya no depender del esposo. Nosotras también podemos”, afirma.  

Espera que sean las mujeres de Santa Teresa quienes sean la fuerza del desarrollo en el pueblo y en sus familias. Las mujeres sí podemos empoderarnos porque somos capaces, hábiles, y tenemos las mismas cualidades que los esposos. Quisiera que todas las mujeres tengan estas oportunidades de salir adelante y soñar”, expresa con determinación.  

El gran amor que siente por su pueblo y por el Perú continuará siendo su motivación para seguir trabajando por hacer conocida la granadilla en todo el mundo y llevar sus productos al extranjero. “Quiero demostrar que las pequeñas productoras peruanas podemos llevar productos sostenibles y amigables con el medio ambiente al mundo. es la herencia que quiero para mi hija”, concluye.  

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